Recortes de prensa

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DIARIO DE LEÓN

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19/07/2003 | | Entrevista | Javier García-Egocheaga |

«Los maragatos practican una endogamia sin precedentes»

Ángel Ramos

León

Javier García-Egocheaga Vergara, licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Saint Louis (USA), ha dedicado varios años a recopilar información acerca de la «realidad paralela» que han vivido cinco pueblos discriminados del territorio español a lo largo de su historia. El resultado es su libro Minorías malditas , una obra amena y rigurosa en la que trata la comarca de Astorga «como una sociedad marginada, que a pesar de haber vivido en un medio adverso, ha salido adelante y ha conseguido gran notoriedad y protagonismo durante siglos»

­-¿De dónde nace la idea de escribir «Minorías malditas»?

-­Es una idea que tengo desde hace años. Me han interesado esos pueblos de hace siglos que se han tratado poco y mal, con muchos sesgos y de forma poco rigurosa.

-Más que marginales, ¿no podemos señalar como típicos, los rasgos que diferencian a una población, es decir, como una seña de identidad?

-Sí y no. En algunos pueblos citados en el libro, maragatos e inclusive los vaqueiros de alzada en Asturias, encontramos un folclore, una cultura. En los Agotes no encontramos ningún rasgo particular al margen de su marginación. Conviene resaltar, de todas formas, que en ninguno de los pueblos tratados encontramos diferencias étnicas, ni orígenes distintos, como muchas veces han querido señalar.

-Usted afirma en su libro que Astorga es víctima de su propia historia.

-El caso de La Somoza es curioso en extremo, porque se trata de una comunidad muy definida, con unos rasgos propios muy distintos a los del resto de las poblaciones circundantes. Con esto consiguen, o de alguna manera inventan, una forma de vida que algunos de ellos les hará ricos pero que a la postre, en el siglo XIX, se vuelve contra ellos, pues les impide integrarse en la sociedad española y les deja anclados en su propia historia.

-El pueblo maragato, con esa casta y orgullo que tienen según su libro, ¿cree que pueden sentirse ofendidos por sus declaraciones?

-Yo espero que no, y no es mi voluntad, porque me parece absolutamente admirable una sociedad con las limitaciones a las que se ha enfrentado -y me refiero a la falta de terreno agrícola y a la desconfianza de buena parte de los españoles de su época-, que, sin embargo, consiguen prosperar y enriquecerse hasta límites insospechados.

-¿Y por qué esa desconfianza de los maragatos?

-Porque funcionan en circuito cerrado, trabajan en conjunto, mantienen con orgullo sus señas de identidad, practican una endogamia sin precedentes y no se apartan un ápice de sus costumbres.

-Aún así, Astorga tiene un gran índice de turismo.

-No tiene nada que ver La Somoza maragata de hace tres siglos con la de hoy. Es un concepto difícilmente extrapolable, por mucho que los límites geográficos permanezcan inmutables. El entorno social ha cambiado completamente. -¿La endogamia es un factor muy definido sólo en la historia maragata?

-Todos los pueblos que tratamos en este libro practican la endogamia, lo cual no ha sido raro en la sociedad hasta hace pocos años. En otros casos, la endogamia es un proceso cerrado, causa de su marginación. En el caso de los maragatos, la endogamia era buscada sobre todo entre las élites arrieras, en otras palabras, se establece una «nobleza local» que funciona del mismo modo que ésta. Conviene señalar también que en el caso de los maragatos, aunque se trate de una sociedad pequeña, se establecen modelos jerárquicos que funcionan como una sociedad en paralelo, ocupando la cima jerárquica, las élites arrieras.

-¿Podemos aplicar la ley darwinista de que si un pueblo no se adapta no sobrevivirá?

-En cierto modo siempre es así, con sus lógicas excepciones, porque el dar-winismo social hace agua por muchos costados.

-¿El progreso cultural está acabando con la discriminación?

-Sí, sin duda. Por supuesto, la discriminación es un monstruo con muchas cabezas, pero está claro que nace por la incultura, la escasa movilidad social y las amenazas. Los procesos globales en que vivimos tienden a erradicar los factores que propician la discriminación.

-¿Qué respuesta espera por parte de los pueblos mencionados cuando lean el libro?

-Positiva. Sobre todo porque en este libro no he tratado de buscar los aspectos más truculentos de la marginación, sino que he buscado las causas que a mi juicio la han podido propiciar. Y he tratado la historia de la forma más escéptica posible. Conviene señalar que se trata de un libro de historia y en la actualidad ningún pueblo de los tratados en el libro, a excepción de los quinquis, sufre discriminación alguna. Incluso muchos de ellos, reivindican con orgullo lo específico de su origen.

-Después de sus estudios en la comarca, ¿qué destacaría del pueblo maragato?

-Lo más interesante es el ejemplo que nos da una sociedad que vive en un medio adverso. Cómo sale adelante y logra protagonismo en la vida española durante siglos, a costa de ejercer una actividad denostada como es la trajinería.

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NuMagazine (Suplemento del Periodico de Aragón)  Julio 2003

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Diario Progresista

Minorías malditas

SÁBADO, 24 DE AGOSTO DE 2013
ANTONIO MIGUEL CARMONA

 

El rechazo a las minorías por parte de una mayoría abusiva u otras minorías competitivas, nada tiene que ver con las características de la minoría censurada, sino con otras connotaciones bien distintas que animan a combatir la xenofobia y la exclusión, si cabe, con más ahínco.

Tengo en mis manos una magnífica obra de Javier García-Egocheaga, Minorías malditas, en la que analiza con profusión las causas del rechazo y de la desaparición en España de diversas minorías.

Recorro con placer la descripción de las vidas de quinquis y agotes, maragatos, vaqueiros de alzada y pasiegos, culturas muchas de ellas desaparecidas. La tesis de García-Egocheaga -esto es lo revelador-, es que las causas del rechazo forman un denominador común en todos los casos.

Esto le hace suponer que la causa del rechazo, entonces, no se debe a las características propias de maragatos o vaqueiros, sino a un denominador común en la actitud del agente excluyente, tanto mayoría aplastante como minoría que concurre.

Y ese denominador común no es otro que el interés y el privilegio. No es siquiera el temor o el miedo, menos aún los mitos que formulaban contra las minorías desprestigiadas, sino el intento de no perder los privilegios que podrían verse usurpados por el mero crecimiento de estos colectivos.

El rechazo de las minorías es, por lo tanto, una actitud dispuesta a defender los privilegios atentando, sin duda, contra la libertad de todos y la democracia. Usted puede ser una minoría mañana. Es más, estoy seguro que usted, ya mismo, pertenece a algún tipo de minoría susceptible de ser estigmatizada.

Debatir sobre las características presuntamente rechazables de la minoría es, además de injusto, antropológicamente una pérdida de tiempo.

Los agotes eran artesanos de la piedra y la madera del Valle del Batzán. Ponían en peligro los privilegios de otros moradores quienes les excluyeron hasta su desaparición. Se les difamó como una maldición bíblica, se aseguraba que descendían de criminales francos huidos, se afirmaba que transmitían la lepra, se les prohibía tener relaciones, y mucho menos amorosas, con personas distintas a las de su colectivo.

Por este motivo sufrieron tal agotamiento endogámico que el colectivo tendió a su propia desaparición. Se trata de uno de los pueblos más castigados por una mayoría injusta de vecinos cuya única finalidad era el mantenimiento de sus privilegios.

La historia de España es un sumatorio de privilegios que se mantienen por el rechazo de otros grupos, censura sustentada en mitos, leyendas que nos ha llevado a ser un país capital de la superchería y el fuero.

@AntonioMiguelC