Introducción

 

Este libro trata sobre algunos de los pueblos olvidados, marginados y, en muchos casos, aborrecidos que han ocupado distintas partes de España desde hace siglos.

Hemos dejado aparte a gitanos, judíos[1] y moriscos, porque, estos tres -que constituyen sin duda las más numerosas e influyentes minorías-, cuentan con muchos autores que se han ocupado de ellos. Otros grupos, por el contrario, bien por ser demasiado minoritarios, bien por presentar una historia tan oscura e imprecisa que ha quedado al margen de todo testimonio documental, o bien porque no tenemos constancia de una estigmatización que fuese más allá de la sufrida durante determinadas coyunturas históricas, tampoco son objeto de estudio en el presente trabajo[2].

Hemos preferido centrarnos en cinco minorías muy distintas entre sí, pero que presentan también ciertas similitudes comunes a su exclusión social. Precisamente, los aspectos que conciernen a la xenofobia que sufrieron estos pueblos, son los que más nos interesan.

Sin embargo, abordar el fenómeno del racismo desde una óptica generalista, no es el propósito de este libro. Sobre este tema se ha escrito mucho (aunque, en ningún caso, demasiado), pero observamos que, la mayor parte de las veces, dichos escritos son tan coincidentes que acaban por enquistarse en la repetición de tópicos y lugares comunes. Es decir, aportan únicamente la condena de actos reprobables y se enfangan en la narración de sucesos dramáticos, o en estadísticas que sólo tendrían sentido si de demostrar la presencia de comportamientos racistas -en caso de que su existencia plantease alguna duda- se tratase.

También cabe argüir que dicha crónica negra, serviría para movilizar conciencias y sensibilizar a la población. No queremos pecar de escepticismo, pero permítanme que lo dudemos. En nuestra opinión, ceñirse a estos aspectos contables del problema que nos atañe, es agarrar el rábano por las hojas. Y respecto a las condenas estériles aunque, sin duda, bienintencionadas, sólo podemos decir otro tanto.

Que el racismo es algo repugnante resulta obvio para todo bien nacido. O con dos dedos de frente y un mínimo rescoldo moral. Ahora bien: identificar y condenar los hechos, no por necesario, debe ser bastante. Si no indagamos en las causas que lo provocan, en los mecanismos que se repiten con los resultados que todos conocemos, en el origen, en la raíz, estaremos lejos de erradicarlo. Al igual que un médico estudia el virus que quiere destruir y ensaya todas las fórmulas a su alcance hasta acabar con él.

Con este convencimiento, ofreceremos distintos enfoques de un mismo problema. Nuestra intención no es otra que la de mover, cuando menos, a la reflexión del lector. La repetición de varios elementos en distintas épocas, nos ofrecerá algunas pistas sobre los denominadores comunes que constituyen la base de las conductas racistas. Además, el contraste de datos entre lo pasado y lo actual, nos servirá para rebatir opiniones tan poco fundadas como la de que “nos estamos volviendo racistas”. ¡Como si esto fuese nuevo!

En efecto, negar que aquí somos racistas es una creencia generalizada entre los españoles. Y de ahí que, muchos de nosotros –rendidos ante la evidencia contraria-, lo achaquemos a un novedoso comportamiento social, casi como si de una moda se tratase, debido a los cambios que la creciente inmigración está operando en España. Ahora veremos que no es así, que en este país, como en todos, los comportamientos xenófobos siempre han existido y que hemos omitido o silenciado una parte de nuestra historia. Precisamente, la de estos pueblos minoritarios que, aborrecidos antes y olvidados después, merecen contar con unas páginas en los libros y un lugar en nuestra memoria.


[1]Y aquí entrarían, lógicamente, los chuetas mallorquines.

[2] Los más significativos serían los cacereños brañeros de Logrosán y los hurdanos; los soliños de Pontevedra; y los afiladores orensanos de Nogueira de Ramuín, que, junto con los caldereros del Bron, asturianos de Miranda de Avilés, podrían ser incluidos en el heterogéneo grupo de los quinquis.

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